Son muchos los trastornos y enfermedades que pueden causar un daño hepático agudo o crónico, ocasionando inflamación (hepatitis), cicatrización (cirrosis), obstrucciones de la vía biliar, tumores hepáticos y disfunciones hepáticas. Sustancias como alcohol, fármacos, ciertos suplementos a base de hierbas y toxinas también pueden suponer una agresión para el hígado. Es posible que ya exista un grado importante de afectación hepática antes de que se manifiesten signos y/o síntomas, como ictericia, emisión de orina oscura o de heces descoloridas, prurito (picor), náuseas, cansancio, diarrea y pérdida o aumento de peso inexplicables. Para minimizar las posibles lesiones y preservar el funcionalismo del hígado, la detección precoz de estas alteraciones es crucial.